3.6.11

El poeta Ricardo Sánchez

Domingo 23 de junio de 2013

Un poeta chicano.- El movimiento chicano.- Los otros cantos.- Vive libre Aztecalifornia

Hace casi eighteen years que Ricardo Sánchez cerró los ojos para siempre. Murió pero no lo hizo. Él es padre de nuestra Aztecalifornia, él es la cuna de los pensamientos chicanos, él es un real poet. And here we are this because of him.

Muchos años antes casi nadie hablaba de él, pero llegó el tiempo. Now, lo conocemos porque lo queremos, porque somos de su sangre y de sus ideas. Nuestro Ricardo nació entre pachucos, there en El Paso, en Del Diablo Territorio. Después, le dijeron que no de muchas maneras en la High School: “do not come”, “you can’t write here”, “you aren’t one of us”. Y se fue de ahí. A su juventud la conoció en la U.S. Army. Luego vinieron años de claroscuros: por un lado, el gran Ricardo se enfrentó a la cárcel, a la pérdida de su father y a la de un child, vivió la discriminación; por el otro lado, aprendió del amor, su esposa y sus hijos, consiguió su Ph.D, fue becado y escribió sus books de poesía, inspirados solamente por la vida y su sabor a sangre, a metal, a palabras. Al final, un cáncer, another agony, another brave fight, esta vez su cuerpo ya no pudo ganar.

Ricardo escribía desde pequeño y escribía para los demás. Hacía pequeñas composiciones en la school, cosas para sus amigos, sus cumpleaños y las navidades. Siguió haciéndolo aunque no one comprendiera su gusto por la escritura. Se puede decir que su obsesión por escribir creció con él, hasta llegó a hacerlo en la cárcel, en la celda. Al salir de ahí, acudía a El Paso Writer’s League junto a los bolillos, esos hombres blanquísimos, pedantes que se aventaban guayabazos y pasaban la tarde haciendo quotes a cerca de Whitman o de Poe. Pero su verdadera cita con la escritura llegó cuando intentó ubicarse en la realidad, en la línea tiempo-espacio: no se encontró. No se encontró ni a él ni nobody como él. Los pachucos, los chicanos, no existían para México o para United States. Ricardo era parte de un limbo, parte del oblivion. And then, the compromise came just before his eyes. Ricardo tuvo que escribir para encontrarse, empezó a escribir para revistas y así surgió en él la idea de un levantamiento social y político. An uprising. Luego, publicó su primer libro, el cual ha servido para configurar también los ideales de nuestra Aztecalifornia: Canto y grito mi liberación. Y no solamente habló ahí de la liberación que supuso el salir de la cárcel sino que manifestaba la liberación del human being chicano.

Tiempo atrás, mientras la ignorancia, nobody pensaba sobre los valores más poderosos de la pluma. La literatura era una vanguardia, parte de la estética, pero Ricardo sabía que en la literatura tenía que estar nuestra fuerza. Había una consciencia de que nuestras únicas armas eran las letras, y a través de éstas se extendería la forma de pensar chicana. Recuerdo bien una entrevista en donde Bruce-Novoa le preguntó a Ricardo a cerca del papel que su escritura tenía frente al movimiento chicano que se empezaba a gestar, así respondió entonces nuestro autor: “Mi papel como escritor por lo que respecta a la raza es el de luchar por ayudar a crear un proceso humanizante liberador en el cual nosotros, como chicanos y chicanas, podemos hacer más que participar en la toma de decisiones; o más bien un papel que podría decirse ser de afirmar libre y vitalmente.”

Así empezó la idea de nuestra liberación, con sus poesías que nos hicieron reflexionar sobre el human being, el universal man. La poesía se convirtió en una extensión de nosotros y de nuestro pensamiento. En las letras encontramos Aztecalifornia, este lugar poblado de los que antes éramos desterrados, el outcast. Here is Aztlán. Lo que nos hace iguales es buscar nuestra libertad. En su Canto estás nuestros ideales y en el Stream nuestra religión, nuestro dios verdadero: la gente en el humidero.

Aztecalifornia le debe un “Thank you” a Ricardo y a los que nos dieron la poesía. Por lo que somos now. Porque sus ideas se comportan como una extensión de nosotros. Porque Ricardo está en cada canción de Lalo Guerrero, se encuentra presente en los chistes de George López, acompaña a las Chivas USA en sus partidos, lucha en el ring junto a Rey Misterio, es parte de la historia de Antony González, es la Biblia Vaquera de Carlos Velásquez, es una película de Robert Rodríguez, es la libertad para José Luis González. Es cada uno de nosotros, está en estas letras que tú lees, en el idioma que no es nor Spanish nor English, nuestro pocho. And if someone could see my head, he could see the fingerprints of Ricardo Sánchez on it. Cada quien canta su canto de liberación, cada uno es extensión del gran poema llamado Aztecalifornia y, now, reconocemos también nuestra estética.

Five years ago, pensábamos que el ideal chicano había llegado a la cumbre con José Luis Fernández y su proclamación chicana, donde nos había llegado el momento de explotar los ideales que Aztecalifornia se merecía desde tiempo atrás. Pero no. La verdad es que nos equivocamos. La identidad chicana se siente cada vez más, la fuerza actual de nuestras letras y nuestros actos lo dicen. When you look an Aztecali in the street, you instantly see a smile on his face, that's the smile of the pride. Eso es el producto de sentirnos orgullosos de nuestra identidad, de saber que la tenemos y de que no era posible conformarse con ser parte de una comunidad. Hemos llegado ahora incluso a ser reconocidos por Jerry Brown, the governor of California, las representaciones en el senado se empiezan a manifestar poco a poco y cada vez se escucha más nuestra voz.

Lo que viene ahora, Ricardo, es que nos sigas guiando, porque ya somos más fuertes y tú no has muerto nunca. Aztecalifornia es un primer paso, pero no sólo here hay chicanos, we are widespread! Por eso sé nuestra luz junto a todas nuestras almas, nunca nos pongas un punto final y acompáñanos a seguir adelante, siempre adelante.

Julio Flowers


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